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Los 15 minutos de fama de los líderes mundiales en la ONU

Todo el mundo tiene derecho a sus “15 minutos de fama”, es una cita legendaria atribuida erróneamente al icono estadounidense del pop, Andy Warhol.

A lo largo de los años, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha establecido su propia regla de los 15 minutos para los líderes mundiales que se dirigen a la Asamblea General del organismo mundial, durante semana de alto nivel que inaugura la apertura del periodo anual de sesiones.

Y este año no es una excepción, ya que la ONU se prepara para acoger a más de 150 líderes mundiales en la serie de sesiones de alto nivel del 78 periodo de sesiones de la Asamblea General, que comienza el 19 de septiembre.

En un mensaje dirigido a los embajadores y jefes de misión en Nueva York, Movses Abelian, secretario general adjunto de la Asamblea General y de Gestión de Conferencias, afirma: «Me gustaría aprovechar esta oportunidad para subrayar que, de acuerdo con la práctica existente en el debate general, debe respetarse un límite de tiempo voluntario de 15 minutos y la lista de oradores se ha preparado sobre la base de una declaración de 15 minutos de cada delegación».

Pero, como exigen la tradición y el protocolo, son los Estados miembros, incluidos los dirigentes políticos y los embajadores, quienes reinan en las Naciones Unidas, no el secretario general ni los altos funcionarios de la ONU.

Y ningún presidente de la Asamblea General, máximo órgano normativo de la ONU, tiene derecho a interrumpir o coartar la prerrogativa de un presidente o primer ministro de hablar sin interrupciones y a su propio ritmo.

En otros tiempos, la ONU instaló una luz en la tribuna de oradores que parpadeaba cuando un jefe de Estado o de gobierno sobrepasaba el límite de 15 minutos.

El presidente de Sri Lanka, Ranesinghe Premadasa, presumiblemente alertado del sistema, sacó su pañuelo del bolsillo, tapó la luz intermitente y siguió hablando.

Al año siguiente, el cubano Fidel Castro, conocido por sus discursos interminables, hizo el mismo truco con un toque dramático agitando el pañuelo, mientras los delegados le aclamaban y saludaban su gesto con sonoras carcajadas.

Los dos líderes políticos habían superado momentáneamente a la burocracia de la ONU.

Los récords históricos de discursos pronunciados en la Asamblea General siguen en poder de Castro (1959-2006), el soviético Nikita Jruschov  (1953-1964), el guineano Ahmed Sékou Touré (1958-1984), el libio Muamar el Gadafi (1977-2011) y el indonesio Kusno Sosrodihardjo, conocido como Sukarno (1945-1967).

El discurso más largo lo pronunció Castro en la 15 Asamblea General, el 26 de septiembre de 1960. Según los archivos de la Biblioteca Dag Hammarskjold de las Naciones Unidas, la duración máxima de su intervención fue de 269 minutos.

Otros discursos de los más largos en la Asamblea General fueron los de:

  • Sékou Touré, presidente de Guinea, 144 minutos el 10 de octubre de 1960;
  • Nikita Jruschov , presidente del Consejo de Ministros de la Unión Soviética, 140 minutos el 23 de septiembre de 1960;
  • Sukarno, presidente de Indonesia, 121 minutos el 30 de septiembre de 1960; y
  • El coronel Muamar el Gadafi, de la Jamahiriya Árabe Libia, 96 minutos el 23 de septiembre de 2009.

El extravagante Gadafi realizó una visita histórica a la ONU en septiembre de 2009, acompañado de fanfarria política y su habitual equipo de mujeres guardaespaldas.

En su reportaje de aquel viaje, el diario londinense The Guardian afirma que «aprovechó sus 15 minutos de fama en el edificio de la ONU en Nueva York… Los aprovechó tanto que los alargó hasta una hora y 40 minutos, seis veces más de lo que le correspondía, para consternación de los organizadores de la ONU”.

“Gadafi hizo honor a su fama de excéntrico, sanguinario y de verborrea extrema», afirmó The Guardian, «cuando rompió una copia de la Carta de la ONU ante los sorprendidos delegados, acusó al Consejo de Seguridad de ser un organismo terrorista similar a Al Qaeda”.

También pidió, dijo la crónica del diario,  que se juzgara a George Bush (presidente de Estados Unidos entre enero 2001 y enero 2009) y a Tony Blair (primer ministro británico entre 1997 y 2007) por la guerra de Iraq.

Exigió, además, detalló The Guardian  7,7 billones (millones de millones) de dólares como compensación por la guerra de Iraq, y pidió que se le concediera una indemnización de 1,5 billones de dólares, más siete billones de dólares como compensación por los estragos del colonialismo en África. Luego se preguntó si la gripe porcina era un arma biológica creada en un laboratorio militar.

Sin embargo, según el Libro Guinness de los Récords, la intervención más larga jamás realizada en la ONU fue la del poderoso diplomático indio Vengalil Krishnan Krishna Menon. Su discurso ante el Consejo de Seguridad tuvo lugar durante tres sesiones del Consejo de Seguridad  en enero de 1957 y duró más de ocho horas.

Según AsiaNet, Menon, «uno de los mejores estadistas que ha dado la India», pronunció un discurso maratoniano en el que arremetió contra Pakistán por el territorio en disputa de Cachemira. Al diplomático se le consideró en su tiempo la segunda persona más poderosa de India, solo por detrás del primer ministro Jawaharlal Nehru, el primer gobernante del país tras su independencia.

La transcripción del discurso ocupa 160 páginas.

Durante su alocución, Menon sufrió un colapso y tuvo que ser reanimado. Pero volvió a la sala del Consejo y siguió atacando a Pakistán durante otra hora.

Pero en los últimos años no se habían producido momentos tan dramáticos ni en el Consejo de Seguridad ni en la Asamblea General.

En la mayoría de las conferencias internacionales, el país anfitrión tiene el privilegio de ser el primer orador del primer día.

Sin embargo, una antigua tradición otorga el lugar de honor a Brasil de ser el primer orador en la jornada inaugural de la Asamblea General, seguido de Estados Unidos, que en esta ocasión sería el presidente Joe Biden.

Durante una visita oficial a Brasilia, pregunté a uno de los altos funcionarios brasileños por el origen de la tradición. Y me dijo: «Ni siquiera nosotros sabemos por qué seguimos siendo el orador número uno».

En aquella época, la mayoría de los países eran reacios a ser los primeros en dirigirse a la cámara, según un informe publicado. Brasil, por aquel entonces, fue el único país que se ofreció a hablar en primer lugar.

Algunos dicen que la tradición se remonta a 1947, cuando el principal diplomático de Brasil, Oswaldo Aranha, presidió la Primera Sesión Especial de la Asamblea.

T: MF / ED: EG

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