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Cómo conducimos, cuánto responsable somos y qué comportamiento tenemos

Al conducir intervienen condiciones técnicas y psicológicas de los conductores, además de las emociones, las motivaciones, las actitudes y los hábitos del comportamiento humano.

Son muchos los factores personales, subjetivos, emocionales y situacionales que pueden intervenir en cada uno de los momentos de la conducción, incrementando el riesgo de siniestros. La personalidad del conductor es un aspecto determinante de la conducta de las conducción de un vehículo.
Los factores que más influyen en los siniestros de tránsito suelen ser de tipo temperamental y de carácter, y el mayor número de siniestrados suelen manifestar cierta inmadurez de su personalidad, su humor, actitud de riesgo, osadía, comportamiento arbitrario y descontento en alguna faceta de su vida familiar, laboral o personal.
La práctica de la conducción requiere de una gran concentración y tiene cada conductor diferentes estilos de conducción. Tenemos el conductor que asume riesgos, buscando emociones y sensaciones vinculadas al riesgo en la conducción, como conducir a alta velocidad, violar las normas de tránsito, no aplicar buenas prácticas, etc.
Está el conductor que tiene un estilo de conducción agresiva, la que se expresa en comportamientos de irritación e ira durante la conducción, lo que lo lleva a actuar agresivamente.
Tenemos componentes humanos que afectan y afligen cada vez más a la sociedad, como lo son los factores psicológicos ligados a los componentes afectivos y emocionales, así como lo es el estrés y la depresión.
El estrés o la depresión afectan cada vez más a nuestra población, y sin lugar a duda tienen incidencia en los que conducimos vehículos. Por ejemplo la depresión se manifiesta en el insomnio (alteraciones de sueño), retardo psicomotriz, falta de concentración (pérdida de atención), ansiedad, etc. La mayoría de estos síntomas influyen directamente en la actividad de conducir.
En tanto el estrés, es un sentimiento de tensión física o emocional, puede provenir de cualquier situación o pensamiento que haga sentir frustración, furia o nerviosismo. Por ejemplo, un estrés agudo de corto plazo lo podemos sentir cuando presionamos el pedal del freno bruscamente sin razón, en una discusión en la vía pública o dentro del habitáculo del vehículo. También en muchos está presente el estrés crónico, que perdura en el tiempo, siendo un problema latente.
Es importante aclarar que el propio hecho de conducir está considerado como una actividad que puede incrementar el estado emocional de estrés. Por lo tanto debemos estar pendiente y alerta de todo lo que puede suceder en la vía por la que circulamos, como: vehículos en dirección contraria y en el mismo carril, animales que se pueden cruzar o entorpecer el tránsito, factores climáticos, peatones, señales de tránsito, límites de velocidad, etc.
Veamos cuales y cuantas veces exteriorizamos violencia vial y cuales son las principales manifestaciones de esa violencia al volante. Por ejemplo tocar la bocina de forma excesiva, aceleraciones bruscas y arriesgadas, acceso y salida rápida en la vía, amenazar con una cercanía potencial de siniestro entre los vehículos, gestos con las manos, amenazas y exabruptos verbales, peleas físicas o con armas entre los conductores, agresiones al automóvil de la otra persona con elementos contundentes o con el físico, amenazas con armas de fuego, persecuciones por venganzas ante una supuesta provocación, etc. Verdad que al leer estamos pensando en muchas más, porque son muchos los elementos que influyen en las reacciones violentas al volante, muchas veces están relacionadas también con el estereotipó humano, como la agresividad por razón de sexo, contra los conductores principiantes, contra los conductores de avanzada edad, etc.
Sumando todo esto al consumo de sustancias, el estrés, la prisa, produce un combo que puede terminar con mucha facilidad en esa agresividad vial y en siniestros de tránsito de diferente entidad. La agresividad al volante en mayor o menor grado suele dar lugar a una conducción que dista mucho de ser responsable y en ocasiones se suele materializar en infracciones manifiestas. Como conducir de forma temeraria, circular en sentido contrario al establecido, conducir vehículos en competiciones o carreras no autorizadas (picadas callejeras), circular con vehículos no autorizados o en condiciones de no circular, superar los límites de velocidad establecidos, arrojar objetos a la vía que pueden llegar a producir siniestros o incendios, conducir de manera negligente creando un riesgo para los otros usuarios de la vía, incumplir las normas de prioridad de paso y detención, incumplir las normas sobre adelantamientos en la vía, adelantar poniendo en riesgo a peatones y ciclistas, o entorpeciendo su paso de manera temeraria, aumentar la velocidad para impedir o perjudicar el adelantamiento, no respetar la señales de los agentes de tránsito, incumplir los cambios de sentidos de circulación, entre otras que seguramente puedas estar pensando.
Otra de las causas de siniestralidad que debemos tener presente es la fatiga, la cual produce falta de energía, cansancio físico, disconfort físico, falta de motivación, somnolencia, entre otros síntomas.
Para minimizar los efectos de la fatiga, los conductores debemos un máximo cada 2 horas detenernos en un lugar seguro y descansar por un período mínimo de tiempo de 15 a 20 minutos. Además si es posible deberíamos caminar, respirar, cambiar de aire, escuchar música, etc.
Para finalizar cabe aclarar que la calidad de conducción mejora con el correr del tiempo y de la experiencia, pero también el correr del tiempo provoca la adquisición de malas costumbres y la realización de malas prácticas.
Por eso debemos tener presente siempre la tolerancia, el respeto, las buenas prácticas y fundamentalmente ayudarnos y cuidarnos entre todos.
orodriguezvelazco@gmail.com

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